Cordillera andina, el desierto y telescopios

Más allá del valle de Azapa se extiende infinita la sierra andina, donde el desierto se convierte en una librea roja espectacular. Es como aterrizar sobre Marte. A bordo de un Chevrolet años cincuenta, seguimos una pista débil en esta tierra inhóspita en la dirección de Putre, la ciudad que sirve como punto de partida para las visitas al Parque Nacional Lauca y el ascenso al volcán Taapaca. En esta parte del altiplano, la naturaleza muestra todo su esplendor y dureza. Grupos dispersos de vicuñas escapa saltando tan pronto como se oye el ruido del coche que se acerca. El viento azota los rostros de los indígenas que, consumidos por el sol y la altitud, están cubiertos en un último intento de defensa. El vínculo entre la tierra y el cielo siempre ha sido parte de la cosmogonía de los pueblos andinos, inevitable la atracción por estas montañas y la altitud del altiplano que se ha creado en las civilizaciones que vivieron en estos lugares.Todavía existe este anhelo de infinito que está bien representado por la presencia en el altiplano andino de varios centros de investigación gracias a grandes telescopios para la observación del espacio y los cuerpos celestes. Ejemplos de ello son el observatorio Panaral, Cerro Pachón y el observatorio Las Campanans observatorio. En años excepcionales, las lluvias raras vuelven a las tierras del árido desierto de Atacama, causando una explosión de la naturaleza y la aparición en unas pocas horas de áreas verdes y flores de colores brillantes, de los cuales muchos insectos hacen fiesta insaciables. Ellos saben perfectamente que el desierto deja muy poco tiempo para la abundancia.

Desierto Atacama Chile