Senderismo en la Cordillera Blanca

Se acerca la Semana Santa y Huaraz empieza a animarse por el comienzo de la temporada de trekking (senderismo) y alpinismo (andinismo) en la Cordillera Blanca. Esa maravillosa cordillera andina, que se extiende a lo largo de 180 kilómetros en el Parque Nacional Huascarán, incluye la cumbre mas alta de Perú (Huascarán, 6768 metros) y una de las montañas mas espectaculares del mundo (Alpamayo, conocido por su pared norte occidental, a forma de pirámide). Junto a los circuitos mas frecuentados, Santa Cruz trek (5 días entre lagunas, nevados y pasos hasta los 5000 metros de altitud) y caminata de las Lagunas de Llanganuco (en la foto), existen muchísimas otras posibilidades: Laguna Churup trek, Quilcayhuanca trek y Ishinca trek. Todas las caminatas ofrecen estupendas vistas de las cumbres nevadas de la Cordillera Blanca. Numerosas son también las opciones de alpinismo para ascender a los picos, sin olvidar la cercana Cordillera Huayhuash (Huayhuash trek). Para mas información sobre caminatas y andinismo en Huaraz, un buen lugar puede ser la Asociación de Guías de Montaña del Perú. Para visitar los mejores miradores de la Cordillera Blanca, es bastante recorrer los muchísimos senderos de la Cordillera Negra a pie, bicicleta de montaña o caballo.

Senderismo Trekking en la Cordillera Blanca Lagunas de Llanganuco

Cañón del Pato, hacia Huaraz

Es temprano en la mañana cuando el desierto de la cuesta peruana, siniestramente desnudo, se deja despertar de los primeros rayos del sol, que juegan con la niebla. En la mente Trujillo y las ruinas Moche de Chan Chan, una noche interminable al terminal de los autobuses “America Express”. El sueño desaparece acompañado por el olor de hierro y pescado del puerto de Chimbote, un lugar de frontera y quizás hasta pintoresco. Escogemos el camino mas espectacular para regresar a los Andes, recorriendo el Cañón del Pato. El autobús sube penosamente la cuesta sin asfaltar, numerosos puentes inestables retrasan el camino. El abismo bajo nuestros pies crece constantemente, el río rumorea en el valle. Un sistema de estrechos túneles nos hace esperar mucho cuando cruzamos otros coches y camiones pero, horas de viaje después, finalmente el horizonte se abre hacia la Cordillera Blanca, uno de los lugares mas lindos del mundo, con sus muchísimos nevados y picos andinos (Huascarán, Alpamayo, Huandoy, todos arriba de los 6000 metros). A lo largo del Callejón de Huaylas, desde Caraz, Yungay y Huaraz, podemos aprovechar de un paisaje que nos quita el respiro…

Huascarán nevado de Yungay Huaraz Perú Cañón del Pato

De la frontera a Chachapoyas

La región andina de Perú septentrional es un lugar polvoriento pero también interesante: siendo una ruta ignorada del turismo, encontramos algunas dificultades en nuestro viaje. Todo se hace mas sencillo gracias a la belleza salvaje de los lugares que visitamos. De San Ignacio recorremos en colectivo una carretera sin asfaltar, hasta Jaén. Un centro comercial muy traficado, ciudad de pasaje entre la costa y la cuenca amazónica, aunque casi sin vías de comunicación confiables. El día siguiente, con muchas dificultades, seguimos el viaje hacia el desierto pueblo de Bagua y después San Pedro Ruiz, siguiendo un tenue recorrido, al lado de los cañones desarrollados por el Río Marañon y sus tributarios. En la noche llegamos a Chachapoyas.

Orquídea flor tropical Kuelap Chachapoyas Perú

Tungurahua, bloqueos y Ingapirca

Recorriendo una carretera sin asfaltar y sinuosa, regresamos al altiplano andino; y las emociones no tardan en llegar. Asistimos desde lejos a la erupción explosiva del volcán Tungurahua, solo pocas semanas después de nuestra estancia en Baños (bajo el cráter del volcán). Somos participes de un bloqueo en verdadero estilo latinoamericano y por algunas horas nos unimos a la gente de un pequeño pueblo y sus reivindicaciones. Luego de quedarnos unos días en Riobamba, pomposamente definida “Sultán de los Andes”, nos dirigimos a Cañar. Desde ahí, un viejo autobús nos lleva hasta las ruinas Inca de Ingapirca. Mas allá del interés histórico, descubrimos un lugar encantador, donde la gente parece muy acogedora y sencilla, donde finalmente podemos acariciar los llamas, los camélidos andinos, que descansan distraídos en los pastos en cerca del sitio arqueológico.

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Parque Nacional Cotopaxi

Por suerte, exactamente en frente al puente que es la puerta de entrada al pueblo de Latacunga, un joven nos anima a subir a su pequeño micro. Es temprano en la mañana, empieza entonces nuestro viaje hacia el cráter nevado y perfectamente cónico del volcán Cotopaxi. La carretera sube inexorablemente: tres mil, cuatro mil, cinco mil metros, el paisaje es de los que te dejan sin aliento. El silencio es dueño de estas tierras ventosas, poblada por los animales que mejor supieron adaptarse al difícil clima andino (alpaca, cóndor, puma, caballos salvajes y otros pequeños). Así soñamos de subir hasta la cumbre del Cotopaxi para dominar un horizonte sin limites, pero escalar el volcán activo mas alto del mundo no es una aventura que se pueda organizar en cinco minutos… algunos caballos, orgullosos de su libertad, nos siguen sospechosos mientras caminamos alrededor de la laguna Limpiopungo. Tres impresionantes cóndores de los Andes acarician la cumbre perdida en las nubes del volcán Rumiñahui, siguiendo un sol caliente y luminoso (de verdad el dios Inti en la cultura incaica) que sin éxito busca un espacio en el manto neblinoso. nómada

Cuando regresamos, hacemos una parada en el pueblo de Saquisili, lugar donde cada jueves hay uno de los mercados indígenas mas colorados del Ecuador.

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Medellin, Botero y Pablo Escobar

Medellin es la ciudad de las primacías socio-económicas colombianas, surgida de la nada y crecida bajo la protección del narcotráfico. La utopía de Pablo Escobar: un centro moderno y eficiente, rodeado por un maravilloso y verde valle, donde los Andes empiezan a hacerse verdaderamente montañas. Medellin y los rascacielos, la metropolitana, los barrios y las favelas, donde para los jóvenes no existe un futuro y la única esperanza que queda es bufar pegamento. Medellin y la prórroga de nuestro permiso de permanencia en Colombia, una odisea burocrática. Medellin y el retrato que dibuja su amado pintor, Fernando Botero, una sociedad colorada y excéntrica, animada de personajes sensualmente voluptuosos, opulentos. Los años ’50, el auge de las flores y los burdeles (www.museodeantioquia.co).

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Santa Cruz y tren expreso oriental

Después de pasar un largo período en la altitud andina, bajar bruscamente a la cuenca del Amazonas es una emoción, no importa que el clima sea muy cálido y húmedo. Santa Cruz de la Sierra se encuentra en el centro del comercio interno de Bolivia, sino también desde y hacia otros países latinoamericanos vecinos (Brasil, Paraguay, Argentina). No es casualidad que Santa Cruz, sin ser una ciudad con una intensa historia, está ahora a ser la capital económica de Bolivia y el objetivo final de una intensa migración interna, impulsada por la búsqueda de trabajo. Santa Cruz ya es una ciudad de frontera al este, porque el gigante brasileño está cerca y con Paraguay comparte una franja de tierra llamada el Chaco, una especie de sabana latinoamericana, una zona poco poblada y semi-áridas que sólo en la frontera se convierte en el Pantanal, gracias a la afluencia de agua del río Paraguay y sus afluentes.
Esta tierra es atravesada por el tren expreso oriental, un serpiente de acero que conecta todos los días Santa Cruz a Quijarro, último pedazo de tierra boliviana antes de Brasil.

Santa Cruz de la sierra chaco Bolivia

Cochabamba y Villa Tunari

Escuchamos por horas la música que viene de las profundidades de la selva: todo estos cosmos de exuberante vegetación, animales misteriosos y artesanos de la naturaleza respiran al unísono, sin cesar. Al borde de este mundo fabuloso queda Villa Tunari. Cruce entre los andes y la cuenca del amazonas, entre el mundo marrón y el mundo verde. No debe extrañar que en la cultura pan-amazónica el color verde toma tantos matices, que se identifica con muchas diferentes palabras, en las lenguas indígenas. Después del río Chapare, allá donde el progreso caótico lanzó su desafío a la naturaleza, todavía no hay un claro ganador, pero la pérdida de esta gran cantidad de energía, cultura y armonía sería un crimen imperdonable.

Y Cochabamba nos mira con incredulidad, en su eterna primavera por encima de la niebla del amazonas, orgullosa de sus peleas que la hicieron un ejemplo en el mundo por haber establecido firmemente el derecho al agua como un bien común.

Villa Tunari, Amazonia Bolivia

Potosí la rica y buen vivir

Un largo camino entre La Paz y Potosí, engaña el mapa: son mas de diez horas en autobús a través del más salvaje altiplano andino de Bolivia. “Soy Potosí, la rica”… Gracias a la mayor mina de plata del mundo, esta ciudad ha experimentado un increíble esplendor colonial, en gran parte todavía visible porque desde cuando el hambre de plata se redujo, el tiempo se detuvo en Potosí. La ciudad es ahora un fósil con un pasado brillante, una joya entre los picos que, por la exagerada altitud del altiplano andino, se reducen a meras colinas, desnudas y coloridas. La gente es amable y con mucho gusto nos inician a los secretos de Potosí: su tranquilidad, sus fiestas, la belleza oculta, los personajes que vivieron ahí y el incontable número de mineros que han dejado sus vidas persiguiendo la riqueza efímera en las entrañas del Cerro Rico, en la guarida del diablo.

A Potosí se aplica muy bien el concepto de vivir bien boliviano, un conjunto de propuestas y recetas casadas por el pueblo boliviano, al menos en palabras, con la visión de asegurar una futuro de consenso y progreso sostenible, en armonía con la madre tierra y el respeto de las especificidades culturales de Bolivia, un país vasto y diverso que se extiende desde los Andes hasta el Amazonas, con una caleidoscópica riqueza de culturas. Uno de los postulados del vivir bien es saber cómo comer bien. En Potosí probamos un plato que resume el concepto, la k’alaphurka: una deliciosa sopa de tomate, pimiento, ají (salsa picante), choclo (maíz tierno), carne y algunas especias, que se cocina en piedra pómez y se sirve en una cazuela de barro. Un plato de grande actualidad debido a su sencilla origen y sus ingredientes locales.

Potosí bolivia

Condor y valle del Colca

En la estación de Arequipa, pocos viajeros se mezclan con la multitud de personas que regresan a sus aldeas de origen, tras una visita a familiares en la ciudad o después de un día de trabajo. Son nativos que van en muchos pequeños pueblos que salpican los valles andinos. Seguimos un camino similar hacia el Valle del Colca, encontramos tierras azotadas por un viento frío, el páramo andino y los pasos que alcanzan los 5.000 metros. Estamos rodeados de pastos, rebaños de llamas y alpacas y chozas de los campesinos aymaras que viven atrás de los animales en sus movimientos perpetuos en busca de forraje. La vida nómada. Llegamos a Chivay, un pueblo en la desembocadura del Valle del Colca, donde el ambiente es muy tranquilo y donde aún existen fuertes lazos con los estilos de vida antiguos. Para demostrarlo, una desconfianza sutil que la población local muestran hacia nosotros. El tiempo parece estar suspendido en este valle, el ciclo de la vida persigue el sol y la tecnología no altera este delicado equilibrio con la electricidad. Chivay se encuentra a unos 3800 metros sobre el nivel del mar, que en sí mismo sería suficiente para hacer la vida más difícil: el soroche, tal como se define en el lenguaje local la enfermedad de la altitud, implacable afecta a las personas que no han nacido de esa vida. Los niños son curiosos por los caminos que conducen a sus cabañas fuera del pueblo, llevando con ellos algunos animales, a menudo ovejas o alpacas. Esta es su tarea diaria, en lugar de la escuela. Sonríen. En las laderas de las montañas que rodean el valle, mirando con cuidado, se pueden ver grupos de vicuñas, la única especie de camélido andino que no ha accedido a ser domesticado y continúa su solitaria existencia en los lugares más inaccesibles de la cordillera de los Andes. Más arriba, en el claro cielo de la mañana, vela impasible un raro cóndor de los Andes, el verdadero gobernante de este paraíso majestuoso. En Pinchollo, se desvanecen las imágenes de un pasado lejano en el resurgir de las tímidas miradas de la gente, y nos dicen…

“Estaba masticando coca, a los cuatro años
alpacas fueron más rápidos que yo
Todavía estaba masticando coca a los diez años
el terreno era más duro que yo
Todavía estaba masticando coca a los veinte años
los niños estaban llorando más fuerte que yo
Ahora tengo casi treinta años
y sigo masticando hojas de coca
porque mis hijos se han ido
pero yo estaba tan triste a qué
la muerte me llevaría
y tiempo de llorar
Aquí en el altiplano, no hay ninguno “

Valle del Colca