Kuelap y Chachapoyas

Los Chachapoya fueron una de las culturas pre-incaicas mas misteriosas y independientes. Sus tierras fueron los aislados y severos valles en los alrededores de Chachapoyas, capital del departamento Amazonas. Iquitos es una lejana luz amazónica desde esos lugares, pero los inmensos ríos nos indican la dirección hacia la Amazonia. Los Chachapoya supieron adaptarse a un ambiente hostil, construyendo ciudades fortificadas (Kuelap) y necropólis de sarcófagos posicionadas en las laderas de las montañas (Karajia). Las numerosas momias que en los últimos años fueron descubiertas, considerado el creciente interés por esa civilización, nos cuentas la historia de un pueblo de guerreros (“Guerreros de las Nubes”), expertos agricultores y arquitectos. Kuelap, la ciudadela fortificada de los Chachapoya, es un ejemplo de su artesanía, segunda solo a Machu Picchu por grandeza, pero todavía casi desconocida. Kuelap fue erigida en el 700 d.C, sobre un precipicio a 3000 metros de altitud y conserva en toda su belleza la muralla defensiva, larga decenas de metros y alta hasta los 20 metros. Manuél nos guía en el mundo Chachapoya y sus casas a planta circular, los techos de paja y en forma de cuña. Complejos rituales y ceremonias, a través del sacrificio de animales (llamas), veneraban la figura del dios Sol.

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De Ecuador a Perú por Zumba

Cuando nuestras amigas alemanas nos despiertan temprano en la mañana, empieza nuestro viaje desde Vilcabamba hacia la frontera entre Ecuador y Perú. El recorrido, pasando por el pueblo de Zumba, sigue una ruta inusual. Después de superar un paso que domina el valle de Vilcabamba, empezamos un largo descenso por la jungla de montaña del Parque Nacional Podocarpus. El autobús para cada rato, a menudo en pueblitos olvidados, pero siempre hay unas cuantas personas esperando nuestra llegada; en poco tiempo estamos sumergidos por una masa de gente, mercancías y animales. Unas seis horas después, llegamos al paradero de Zumba, la primera mitad del viaje. Casi dos horas de camioneta nos separan del confín peruano, pero descubrimos que uno de los puentes por la carretera fue derrumbado, así tenemos que vadear el río: la aventura se hace cada vez mas interesante! Ya es tarde cuando nos ocupamos de la formalidades fronterizas, al lado del puente internacional de La Balsa. Otras 2 horas de colectivo (como información para otros mochileros: 12 soles, negociables a 10) y estamos en San Ignacio, muy cansados pero felices… Dejamos el Ecuador, un pequeño país latinoamericano que nos ha dejado experiencias inolvidables y la esperanza que puede existir un futuro, cuando un pueblo tiene el coraje de luchar por sus proprios derechos. Ahora el Perú, un gigante por belleza y historia, la cuña de la civilización Inca.

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Tungurahua, bloqueos y Ingapirca

Recorriendo una carretera sin asfaltar y sinuosa, regresamos al altiplano andino; y las emociones no tardan en llegar. Asistimos desde lejos a la erupción explosiva del volcán Tungurahua, solo pocas semanas después de nuestra estancia en Baños (bajo el cráter del volcán). Somos participes de un bloqueo en verdadero estilo latinoamericano y por algunas horas nos unimos a la gente de un pequeño pueblo y sus reivindicaciones. Luego de quedarnos unos días en Riobamba, pomposamente definida “Sultán de los Andes”, nos dirigimos a Cañar. Desde ahí, un viejo autobús nos lleva hasta las ruinas Inca de Ingapirca. Mas allá del interés histórico, descubrimos un lugar encantador, donde la gente parece muy acogedora y sencilla, donde finalmente podemos acariciar los llamas, los camélidos andinos, que descansan distraídos en los pastos en cerca del sitio arqueológico.

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Andahuaylas, Apurimac

El viaje en minibús (colectivo) sube con una inclinación exagerada a partir de 2.300 metros sobre el nivel del mar de Abancay hasta más de 4.000 metros y finalmente descender de nuevo. La ruta pasa por el departamento de Apurímac, uno de los más aislados y salvaje en Perú. Llegamos a Andahuaylas en la noche. El largo viaje está animado por la música y el contacto humano que se crea en el minibús, lleno de personas, cosas y animales hasta rebosar. Cerca de mí estan un chico llamado Anibal y su joven madre.

El paisaje es precioso, y los campos de alfalfa y de maíz dan paso a pequeños pueblos de casas de adobe, unas cuantas cabezas de ganado, donde el hombre ha endulzado sabiamente los lados fértiles pero escarpados de las montañas. La gente es muy acogedora.

Valle sacra Incas Andahuaylas Apurimac

Tierra Incas, Cuzco y Pisac

Llegar a Cuzco cuando los últimos rayos del sol rompen los cansados lados ​​del valle de los Incas es uno de los sueños de todos los viajeros. Cuzco es un vivo testimonio de las innumerables historias de gloria y derrota que se tejieron en la larga noche de los quinientos años. Impresionante y hermoso, orgulloso como su población indígena, pero luego derrotado y desfigurado por castigo. Ahora de nuevo un cruce de caminos para los peregrinos de todo el mundo, llegando a admirar el pasado.

La luz del sol late largos días de aventura, moviéndose a lo largo de la tierra de los Incas, entre Cuzco y Abancay, pasando por las espectaculares ruinas de Pisac, menos visitadas, pero no menos espectaculares que la cercana y misteriosa Machu Picchu. El Valle Sagrado de los Incas es el valle del río Urubamba, en los Andes peruanos y fue el corazón de la civilización Inca. El valle fue muy apreciado por sus especiales cualidades geográficas y climáticas, por sus recursos naturales y para la producción de maíz. Las ruinas de Pisac dan un sentimiento de propiedad de la montaña, pendientes extremas emocionantes, vértigo; estas piedras respiran una historia de casi mil años, la perfección sin par, armonía única.

Ruinas de Pisac

Arequipa y Juanita, señora de las nieves

Arequipa, una joya en los amplios valles del sur del altiplano andino peruano, es conocida como la ciudad blanca del Perú. Una ciudad tranquila y acogedora, donde aclimatarse antes de ingresar en zonas remotas de los Andes. Rodean la ciudad los picos de tres volcanes, el Misti (caballero, con su forma cónica perfecta), el Chachani (encantador) y Machu Picchu (arriba arriba) en el idioma quechua. En un sótano del Convento de Santa Catalina en un abrazo eterno se encuentra la momia de una niña (apodada Juanita, la señora de las nieves) sacrificada en un ritual en el Cierro Ampato por los incas hace 500 años. El encuentro con un “viejo loco”, como se presentó, nos deja una clara idea de este mundo, América Latina, sentados en una pequeña plaza de Arequipa, a la sombra de unos naranjos en flor, comenzamos una larga conversación sobre la vida y las tradiciones de los Andes y de Arequipa. El viajó mucho en su juventud, siendo un artista de la calle, y sus recuerdos siguen siendo brillantes. Hablamos de la mágica combinación de estados de ánimo, colores, sabores, música y experiencias que experimenta el viajero en sus peregrinaciones. En Arequipa es fácil encontrar muchas personas, en parte porque el clima es muy hospitalario. Recibimos una invitación a la casa de un joven, fuera de la ciudad. Llegamos a conocer a sus abuelos, que cuidan los campos de alfalfa y maíz, y nos preparan para un almuerzo rico y delicioso acompañado de abundante y tradicional chicha, una bebida fermentada de maíz, ligeramente alcohólica. Sentados alrededor del fuego comemos y escuchamos con interés la historia de sus vidas, en medio de alegrías y sacrificios. Después del almuerzo, aprendemos los conceptos básicos necesarios para tocar la quena, la flauta típica usada en la música andina.

Arequipa el misti Juanita, señora de las nieves