Salimos de Nueva York con una buena sensación, nos enseñó mucho, aunque nosotros pasemos allí apenas una semana. Durante el corto viaje, que nos llevó de Nueva York a Philadelphia, vinimos en contacto con una realidad que el aislamiento de Manhattan oculta cuidadosamente entre los altos rascacielos… Los suburbios metropolitanos, sin fin, muestran su cara dura, envejecida por el tiempo y la negligencia. Al lado de la enorme carretera, se desarrolla un territorio agrícola, donde los campos y los bosques son interrumpidos por las pequeñas aldeas o los ranchos aislados. Es un paisaje totalmente diferente de la ciudad y de la modernidad de los centros financieros. El hostal que encontramos aquí en Philadelphia es agradable y bacano, en general la ciudad entera aparece más amistosa que Nueva York. Es cierto que esta misma familiaridad ayuda a evidenciar los profundos contrastes de nuestra sociedad: cerca de tiendas y hoteles lujosos sobrevive una multitud de sin techo, “al parecer” totalmente ignorados por la otra gente. Nuestro sistema hace el resto y quién no puede seguir la rápida dinámica de nuestra existencia, vivirá por siempre en el abandono. La vida nocturna de Philadelphia nos ha excitado a partir del primer día. Anoche fuimos tan afortunados de participar al concierto de Cat Power. Un buen mano nos regaló uno de los dos boletos, y el resto ha sido una intensa interpretación de la artista: una voz caliente y buenos arreglos.
Philadelphia de noche
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