Arequipa, una joya en los amplios valles del sur del altiplano andino peruano, es conocida como la ciudad blanca del Perú. Una ciudad tranquila y acogedora, donde aclimatarse antes de ingresar en zonas remotas de los Andes. Rodean la ciudad los picos de tres volcanes, el Misti (caballero, con su forma cónica perfecta), el Chachani (encantador) y Machu Picchu (arriba arriba) en el idioma quechua. En un sótano del Convento de Santa Catalina en un abrazo eterno se encuentra la momia de una niña (apodada Juanita, la señora de las nieves) sacrificada en un ritual en el Cierro Ampato por los incas hace 500 años. El encuentro con un ”viejo loco”, como se presentó, nos deja una clara idea de este mundo, América Latina, sentados en una pequeña plaza de Arequipa, a la sombra de unos naranjos en flor, comenzamos una larga conversación sobre la vida y las tradiciones de los Andes y de Arequipa. El viajó mucho en su juventud, siendo un artista de la calle, y sus recuerdos siguen siendo brillantes. Hablamos de la mágica combinación de estados de ánimo, colores, sabores, música y experiencias que experimenta el viajero en sus peregrinaciones. En Arequipa es fácil encontrar muchas personas, en parte porque el clima es muy hospitalario. Recibimos una invitación a la casa de un joven, fuera de la ciudad. Llegamos a conocer a sus abuelos, que cuidan los campos de alfalfa y maíz, y nos preparan para un almuerzo rico y delicioso acompañado de abundante y tradicional chicha, una bebida fermentada de maíz, ligeramente alcohólica. Sentados alrededor del fuego comemos y escuchamos con interés la historia de sus vidas, en medio de alegrías y sacrificios. Después del almuerzo, aprendemos los conceptos básicos necesarios para tocar la quena, la flauta típica usada en la música andina.
Mundo Maya
En la península de Yucatan, cada aspecto de la vida de la comunidad resulta influenciado por la cultura Maya. No obstante la masiva presencia del turismo, o quizá gracias a ella, esta característica se muestra repentinamente muy evidente… y lo será cada vez más, viajando hacia Chiapas y Guatemala. La antigua historia de los Mayas se refleja no sólo en las impresionantes ruinas, artesanía, sabrosa cocina, ropa y danzas tradicionales, sino también en las sonrisas y las miradas de la gente que conocemos por la calle, al mismo tiempo curiosas y tímidas. Una historia llena de orgullo y amor por la libertad. La verdad es que después de 500 años de sumisión, la gente Maya se enfrenta en la ocasión de recuperar su dignidad y sentido de ser portador de una cultura increíblemente refinada. Su energía es demostrada por el hecho de que una parte importante de población (y sobre todo muchos jóvenes) todavía habla la lengua indígena. Esa es la mejor condición para garantizar la continuidad socio-cultural del pueblo Maya, no obstante las discriminaciones y los numerosos tentativos de conformación, que todavía no paran.
A veces nos parece que México es orgulloso de su extraordinaria variedad cultural sobre todo para consolidar su atracción turística, pero también que no está listo para aceptar totalmente la ética de la igualdad.
Cordillera andina, el desierto y telescopios
Más allá del valle de Azapa se extiende infinita la sierra andina, donde el desierto se convierte en una librea roja espectacular. Es como aterrizar sobre Marte. A bordo de un Chevrolet años cincuenta, seguimos una pista débil en esta tierra inhóspita en la dirección de Putre, la ciudad que sirve como punto de partida para las visitas al Parque Nacional Lauca y el ascenso al volcán Taapaca. En esta parte del altiplano, la naturaleza muestra todo su esplendor y dureza. Grupos dispersos de vicuñas escapa saltando tan pronto como se oye el ruido del coche que se acerca. El viento azota los rostros de los indígenas que, consumidos por el sol y la altitud, están cubiertos en un último intento de defensa. El vínculo entre la tierra y el cielo siempre ha sido parte de la cosmogonía de los pueblos andinos, inevitable la atracción por estas montañas y la altitud del altiplano que se ha creado en las civilizaciones que vivieron en estos lugares.Todavía existe este anhelo de infinito que está bien representado por la presencia en el altiplano andino de varios centros de investigación gracias a grandes telescopios para la observación del espacio y los cuerpos celestes. Ejemplos de ello son el observatorio Panaral, Cerro Pachón y el observatorio Las Campanans observatorio. En años excepcionales, las lluvias raras vuelven a las tierras del árido desierto de Atacama, causando una explosión de la naturaleza y la aparición en unas pocas horas de áreas verdes y flores de colores brillantes, de los cuales muchos insectos hacen fiesta insaciables. Ellos saben perfectamente que el desierto deja muy poco tiempo para la abundancia.
Arica y valle de Azapa
Arica es el puerto mas al norte de Chile, a unos pocos kilómetros de la frontera con Perú. Al igual que todos los lugares de frontera, la ciudad entera es un gran mercado donde se intercambian bienes y donde la gente discute apasionadamente sobre los precios de los productos agrícolas y textiles, todos rodeados por el agradable olor de la comida andina: empanadas, chicharrones y rocotos rellenos. Una multitud colorida y amigable que acompaña la vida de esta creciente comunidad. A pocos kilómetros de Arica, hacia el interior y el desierto de Atacama, se encuentra una joya verde, un oasis de palmeras, olivos y árboles frutales que crece inesperadamente a los lados de un pequeño río de temporada, el San José. El entorno de este valle, llamado el Valle de Azapa, permite el cultivo de diferentes frutas, verduras y árboles de palma y de las conocidas aceitunas de Azapa, aceituna de una variedad de color púrpura, con la que se produce un aceite de oliva especial. Gracias a estas condiciones climáticas especiales y favorables, el Valle de Azapa ha sido habitado por los seres humanos desde tiempos remotos. El Museo Arqueológico de San Miguel de Azapa cuenta los últimos 10 mil años de esta tierra a través de los hermosos vestidos Tiwanaku que fueron descubiertos en muchos cementerios de la zona y a través de las momias Chinchorro, acurrucadas en un infinito reflejo final. Todo el valle está rodeado de colinas que fueron explotadas por los pueblos andinos como libros abiertos para contar su historia a través de representaciones de arte rupestre (petroglifos) de extraordinaria complejidad y tamaño. El valle de Azapa es un testimonio increíble de la riqueza y la distinción representada ahora como en el pasado, por la cultura y el conocimiento religioso y científico de los pueblos andinos.
San Lorenzo, protector de los mineros
Desde Antofagasta todos los caminos conducen al corazón del desierto de Atacama, un viaje a un misterioso abismo. La travesía del desierto en autobús, a pie y en parte en bicicleta, nos deja entrar en contacto con una tierra muy seca, un paisaje lunar causado por un sol tropical y sofocante. Sin embargo, incluso aquí pocos hombres valientes pueden vivir, sobre todo porque bajo la tierra estéril se esconde una increíble riqueza del subsuelo. En el camino hay oasis de polvo y coches de los años cincuenta, los pueblos mineros fueron abandonados a su suerte infame, tragados por la arena y el paso del tiempo. Pedro de Valdivia, María Elena, y Quillagua.
La tierra roja esconde, además de los minerales, los incontables cuerpos de los que han venido hasta aquí para morir, unos pocos porque elegidos (la mina de cobre de Chuquicamata es la más grande del mundo), muchos otros por restricción (el régimen de Pinochet envió a estos páramos los disidentes a los trabajo forzoso). Un recuerdo imborrable de estas tragedias son las tumbas de Pisagua. La memoria de estos abusos extendió la devoción a San Lorenzo, considerado por los chilenos como el protector de los mineros y celebrado el 12 de agosto de cada año. El escondió los bienes materiales de la iglesia bajo la tierra para protegerlos de la voracidad del emperador Valeriano. Del mismo modo, los chilenos están luchando para mantener el control sobre sus recursos naturales (oro, plata, níquel, molibdeno, azufre, etc.).
María Elena es un pueblo colgado en el viento, la presencia de fantasmas llena el vacío de una comunidad oculta. Todo desaparece en el calor de la tarde, pero incluso en la noche, cuando el calor afloja su control, la comunidad no se llena de vida. Las renuncias por una vida de privaciones han cubierto con matorrales polvorientos cada casa, cada objeto. Nos detenemos en un patio de recreo donde los cambios han muerto por la herrumbre y el abandono, cruje cada mecanismo, los niños ya han dejado estas diversiones, incluso antes de nacer.
Donde empieza el desierto de atacama
El paisaje, un par de horas al norte de Santiago, poco a poco comienza a marchitarse. Estos son los primeros signos del desierto de Atacama, que se encuentra en el norte de Chile. Chañaral es una ciudad en la costa del Pacífico, donde la frontera entre el mar y el desierto comienza a ser incontenible. Don Hugo era un hombre incansable del mar, que en su madurez ha inventado una forma innovadora para sobrevivir y al mismo tiempo dar empleo a muchos de sus conciudadanos, sólo aprovechando de las especiales condiciones climáticas de la costa chilena. De hecho, en Chañaral la sequía comienza a ser un problema, pero la diferencia de temperaturas entre el día y la noche, la proximidad al mar y la conformación de la zona montañosa, asegúran que todas las mañanas sobre la ciudad pasa una gruesa capa de niebla húmeda. Don Hugo ha inventado un sistema de hojas que atrapan la humedad y provocan que se condense en el agua. Un ingenioso sistema de recogida, canalización y despresurización del líquido hacen posible transportar el agua 800 metros por debajo, donde hay algunas casas y plantaciones. Cada día, el sistema es capaz de generar alrededor de 5.000 litros de agua potable. En la noche nos dirigimos a Antofagasta, la última ciudad importante antes de entrar en el desierto, y, finalmente, en la región de las minas chilenas. Padre Hurtado, un santo jesuita muy conocido y venerado en Chile, un hombre práctico y cercano a los trabajadores de la tierra y a los mineros chilenos, vela por este mundo submarino.
Chile en el camino
La estación de autobuses de Santiago de Chile es uno de esos lugares donde el tiempo está suspendido entre el calor y el frescor de la noche. Cuando del bus sale cada nuevo rostro, de inmediato da lugar a una emoción repentina, típica de los pequeños trucos de la vida diaria. La estación de autobuses es siempre un tenedor en el camino de un sinfín de opciones. Después de una breve consulta para decidir si continuar el camino hacia el verde y el sur de Suiza, hacia Concepción y la legendaria Universidad del Bío Bío, hacia Puerto Montt y su proyecto de ciudad sostenible (calefacción urbana, bombas de calor especialmente de tecnología Baumann y un sistema de compostaje innovador por los residuos orgánicos a través del trabajo de las lombrices de tierra), hemos decidido a volver nuestros ojos hacia el norte hasta el desierto de Atacama. Salimos de Santiago poco a poco, obstaculizados por una colorida procesión de malabaristas, artistas callejeros que protestan contra la prohibición de ejercer su arte en las calles del centro de Santiago. Nos reunimos para hablar y hacer fiesta en las típicas Peñas, lugares donde se puede escuchar y bailar las cuecas de Violeta Parra y las baladas de Víctor Jara, tal vez acompañadas de deliciosas empanadas, pastel de choclo con humitas y vino chileno. La reunión es para el día siguiente frente a La Moneda, la sede histórica de la presidencia chilena. Lugar donde se encuentran todas las protestas del país, un símbolo del golpe militar que derrocó a Allende en 1973 y llevó a la larga dictadura de Pinochet.
Desde Valparaíso la carretera Panamericana corre rápida junto al Océano Pacífico, la costa se ve interrumpida por pueblos de pescadores poco frecuentes, la costa se inclina por el poder majestuoso del océano. Distante a la vista, la Isla de Pascua se encuentra a la merced de las corrientes. En el autobús viajamos con una joven familia chilena, una mujer joven con tres niños pequeños, todos hermosos. Hablamos de las diferencias entre nosotros y pensamos que un abismo nos divide, pero luego nos tomamos un descanso para almorzar en el camino y ellos piden un gran plato de papas fritas, que ellos llaman chorillana, con un enorme vaso de refresco de cola. El mundo hoydia es líquido, quizás aun más de lo previsto por Bauman, en los albores de la era digital.
Banco del tiempo en Santiago de Chile
En Santiago de Chile opera un banco del tiempo. A diferencia de un banco tradicional, aquí no se utiliza el dinero y lo que los clientes tienen en sus cuentas son los favores y servicios. Plomería, electricidad, moda, maquillaje, comida, clases de guitarra, de animación o de enfermería son algunos de los servicios que se intercambian los residentes de los barrios en los que el banco opera. Según los proponentes de esta iniciativa, el objetivo es promover la solidaridad y la participación de los ciudadanos. Seis veces al mes Flora corta el pelo de algunos de sus vecinos. Si lo hace, ella acumula el tiempo que puede recuperar con otros favores de sus vecinos, los expertos en otras actividades. Las personas se les paga con un cheque del banco del tiempo cada vez que hacen un favor. El banco del tiempo funciona dentro de la dinámica del barrio y los vecinos son los que lo administran. La comunidad participa, porque entiende que el banco del tiempo es una forma efectiva de mejorar la calidad de vida de la comunidad en la que el banco crece. En el banco del tiempo se aplica el principio de igualdad y todos los trabajos realizados por los residentes del barrio tienen la misma importancia.
El banco tiene por objetivo sustituir el individualismo con un espacio de cooperación en el que lo que cuenta es la capacidad de las personas, no el tiempo o el dinero.
Santiago es el nombre de Santiago Apóstol, patrón de la ciudad. Nació en Betsaida, fue el hermano de Juan el Evangelista y hijo de Zebedeo y Salomé. Fue con Jesús en el huerto de los olivos y se distinguió, junto con Juan, por su animosidad.
Santiago de Chile: poesía, reciclaje, arte
Santiago de Chile, un pequeño hotel para los viajeros dirigido por un indígena de origen mapuche, los rascacielos y las casas derrumbadas. Desde la colina que domina la ciudad, como una especie de Calvario, se puede disfrutar de una vista a 360 grados de la capital, larga y sin fin. A veces ocultos, detrás de las nubes aparecen los majestuosos Andes y cubiertas de nieve se pueden ver el paraíso blanco de Tres Valles y Valle Nevado, estaciones de esquí que se encuentran a sólo 50 kilómetros de Santiago de Chile. La agitada vida del centro roba la atención a los fenómenos de la vida, imaginativa y marginada de la gran mayoría de la población. Al norte de Santiago, se encuentra un vertedero donde confluye una enorme parte de la basura de la ciudad. La gente que vive ahí de sus actividades se ha ganado el apodo de moscas, en el evocador dialecto de Chile. Desafiando la fortuna diaria, ellos suben con gran agilidad a cada camión de la basura que se ve en el vertedero y recuperan valiosas piezas, tales como hierro, cobre, aluminio, bicicletas y cualquier otro material que se puede reciclar o vender en el mercado negro. Otro ejemplo de la adaptación creativa es representado aquí por don Ignacio, un hombre inteligente de unos cincuenta años, los últimos veinte completamente dedicados a recuperar piezas de madera, vidrio y metal en el vertedero. Su única meta, conseguida con brillante éxito, fue la de construir una casa con los restos recogidos, con todas las comodidades y un fuerte y personal sentido de la estética. La ciudad vive de arte y poesía, el nacimiento de la pintura mural en Chile como un fenómeno de masas se remonta a las marchas de 1969 contra la guerra de Vietnam; desde el puerto de Valparaíso a Santiago de Chile, un par de tipos rehízo todo el ruta de la marcha con un viejo coche, pintando las rocas al borde del camino en las pueblos donde se detuvieron los desfiles de los manifestantes. Los murales de Chile, bajo el nombre de brigadas Ramona Parra, nacieron con el objetivo de lograr la candidatura de Salvador Allende en 1970 con ese tipo de propaganda. Los murales urbanos utilizan símbolos y letras: palomas, manos, orejas, las estrellas eran un nuevo lenguaje que se ha hecho popular en el subsuelo de la noche.
De la ventana Brasil, Argentina, Chile
Desde la ventana del avión, un largo preludio comienza cuando se rompe la línea monótona azul del océano y aparece la forma sensual verde y oro de Brasil, puesto de avanzada del continente sudamericano. Es como rebobinar la película hacia el futuro, cuando estaremos mas adentro en el viaje. Deslumbra a los ojos mirar a estas tierras infinitas. El avión se dirige rápidamente hacia el sur, los colores de la primavera austral aparecen donde el Río de la Plata, que enorme separa Uruguay de la gran hermana Argentina, se va a meter en el océano Atlántico. Buenos Aires aparece, sin límites. Bajo los pies la tierra empieza a ser seca, el aumento de altitud anuncia el espectáculo de los Andes, la impresionante cordillera que divide Argentina y Chile, la forma del Aconcagua, el pico más alto de América con sus 6.962 metros (22.841 pies) sobre el nivel del mar, oculta el sol, pero no las primeras vistas de los hermosos valles del centro de Chile, rodeados por las flores de la primavera. Más adelante, el Océano Pacífico se reposa agitado por olas poderosas como montañas.
Santiago de Chile se parece a una larga franja que se extiende de norte a sur, a veces sin forma, una copia pequeña de todo el Chile, con su característica forma de hilo. Tan profundamente variada y contradictoria. Santiago está viva y palpitante.
Un año de viaje nómada
Hace un año empezaba la aventura de este blog… un mosaico de emociones en el corazón mas profundo del continente americano. Hemos interiorizado un mundo mágico, a veces tan visceral de parecernos demasiado duro. Desde Estados Unidos, cuña pensante y contradictoria del mundo moderno, hemos aprendido a poner de un lado los prejuicios y sustituirlos con mucha curiosidad. El México nos ha donado la felicidad del viaje, los espacios inmensos y la belleza de la natura, pero también la inestancable resistencia de un pueblo seducido y luego abandonado. Guatemala, estupendo y conmovedor, terreno fértil del mundo Maya, la búsqueda de un futuro mejor, a la cual nos unimos a través de nuestra cooperación como voluntarios. Colombia, un país ilimitado y magnifico, tanto salvaje de esconderse a cualquiera mirada; la sorpresa de un fermento electrizador. El Ecuador, un condensado de latinoamerica, una natura exuberante y un pueblo acogedor: el encuentro con la selva amazónica y sus gentes, la eterna lucha contra la explotación sin reglas de los recursos naturales. El Perú con sus bellezas arqueológicas, en la desconocida región andina septentrional; el espectáculo de la “Suiza Peruana”, Huaraz y la Cordillera Blanca. Ahora que nos quedamos dormidos encima del ultimo día, nos sonríe un mosaico de caras y miradas, la importancia que tuvieron y tendrán en nuestra vida, la promesa de encontrarnos de nuevo, un día…
Mosaico de un viaje nómada
Lima y Manual del Pendejo
La ultima semana americana, una otra vez y tanto breve de parecer ya terminada: el viaje en el Perú, fantástico pero quizás vivido menos intensamente de las experiencias en los otros países latinoamericanos. Llegando desde la desnuda costa del Océano Pacifico, Lima se parece a un enorme y polvorienta franja de desierto, a primera vista poco atractiva y acogedora. El trafico congestiona la metrópoli reduciendo el centro histórico (en cerca de Plaza de Armas) a un embudo de smog, nada de romántico. La gente grita para vender mercancías de cualquier tipo, desde la comida a los objectos mas inusuales. Un viejo nos enseña el producto con lo que dice “me gano la vida“, el Manual del Pendejo, mejor dicho sueños a tiempo ya caducados y agua santa… la vida en América Latina nunca es banal ni dulce, reclama solo mucha, demasiada fantasía.
El museo Yuyanapaq. Para recordar (en memoria de los veinte años de la guerra civil, 1980-2000), recuerda con un intenso recorrido audio-visual el horror del genocidio sufrido por el pueblo andino y el periodo quizás mas trágico de la historia peruana, una temporada de oposiciones ideológicas que llevaron una ola de terror en el país. Come siempre, los que pagaron el precio mas trágico de esta guerra fueron los pueblos indígenas, particularmente en la región de Ayacucho. Aplastado por una espiral de violencia y actos terroristas, el país perdió su consciencia y suspendió su propria historia.
Senderismo en la Cordillera Blanca
Se acerca la Semana Santa y Huaraz empieza a animarse por el comienzo de la temporada de trekking (senderismo) y alpinismo (andinismo) en la Cordillera Blanca. Esa maravillosa cordillera andina, que se extiende a lo largo de 180 kilómetros en el Parque Nacional Huascarán, incluye la cumbre mas alta de Perú (Huascarán, 6768 metros) y una de las montañas mas espectaculares del mundo (Alpamayo, conocido por su pared norte occidental, a forma de pirámide). Junto a los circuitos mas frecuentados, Santa Cruz trek (5 días entre lagunas, nevados y pasos hasta los 5000 metros de altitud) y caminata de las Lagunas de Llanganuco (en la foto), existen muchísimas otras posibilidades: Laguna Churup trek, Quilcayhuanca trek y Ishinca trek. Todas las caminatas ofrecen estupendas vistas de las cumbres nevadas de la Cordillera Blanca. Numerosas son también las opciones de alpinismo para ascender a los picos, sin olvidar la cercana Cordillera Huayhuash (Huayhuash trek). Para mas información sobre caminatas y andinismo en Huaraz, un buen lugar puede ser la Asociación de Guías de Montaña del Perú. Para visitar los mejores miradores de la Cordillera Blanca, es bastante recorrer los muchísimos senderos de la Cordillera Negra a pie, bicicleta de montaña o caballo.
Un amanecer en Huaraz
Un amanecer en Huaraz vale el espectáculo de 30 cumbres nevadas ruborizarse, en el rosa transportado por el viento gélido. Un amanecer en Huaraz vale la sonrisa de una señora temblorosa, gritando “¡Tamales!”. Un amanecer en Huaraz te asombra hasta hacerte chillar que has conquistado el techo del mundo, o quizás solo la meta de un largo camino. Un amanecer en Huaraz te quita el respiro, para llevarte donde solo los cóndores andinos se atreven. Un amanecer en Huaraz vale 10 meses de viaje nómada y tantas aventuras, es la alegría del tiempo y el entusiasmo de descubrir siempre nuevos horizontes. Ahora el día con sus colores, el mercado campesino y las mujeres bromear, las tímidas sonrisas de los niños, una cabalgata o una larga caminata hacia las lagunas de esmeralda (Llanganuco y Churup)… y tantas pequeñas historias para recordar.
Cañón del Pato, hacia Huaraz
Es temprano en la mañana cuando el desierto de la cuesta peruana, siniestramente desnudo, se deja despertar de los primeros rayos del sol, que juegan con la niebla. En la mente Trujillo y las ruinas Moche de Chan Chan, una noche interminable al terminal de los autobuses “America Express”. El sueño desaparece acompañado por el olor de hierro y pescado del puerto de Chimbote, un lugar de frontera y quizás hasta pintoresco. Escogemos el camino mas espectacular para regresar a los Andes, recorriendo el Cañón del Pato. El autobús sube penosamente la cuesta sin asfaltar, numerosos puentes inestables retrasan el camino. El abismo bajo nuestros pies crece constantemente, el río rumorea en el valle. Un sistema de estrechos túneles nos hace esperar mucho cuando cruzamos otros coches y camiones pero, horas de viaje después, finalmente el horizonte se abre hacia la Cordillera Blanca, uno de los lugares mas lindos del mundo, con sus muchísimos nevados y picos andinos (Huascarán, Alpamayo, Huandoy, todos arriba de los 6000 metros). A lo largo del Callejón de Huaylas, desde Caraz, Yungay y Huaraz, podemos aprovechar de un paisaje que nos quita el respiro…














